sábado, 2 de agosto de 2008

Un nuevo despertar...

Suena el despertador como de costumbre, pero él (llamémoslo Ricardo o el nombre que quieran) desea seguir durmiendo un rato más y lo apaga. 5 minutos después vuelve a sonar y su obligación de ir al trabajo lo obliga a salir de la cama, se sienta en la cama, voltea y ve la almohada mientras desea volver a ella. Se lleva las manos a la cara y se levanta. Sale del baño con mejor ánimo. Se toma un café y ya arreglado sale al trabajo.

6 am le dijo un amigo (este si no lleva nombre) mientras se tapaba los ojos al salir de un local, toma de la mano a su novia (Carla, por ponerle un nombre) y la besa. Esteban (otro nombre más que a veces son necesarios) sólo desea ir a su casa para seguir la fiesta solamente con Carla. Montados en el tren, rumbo a su casa, con todo descaro se besan salvajemente, personas recién despertadas, bien vestidas y camino a sus respectivos trabajos los veían algunos con desprecio, asombrados y otros soltaban una discreta sonrisa. Ya en la puerta del apartamento, rápida y difícilmente Esteban abre la puerta.

Ricardo al salir ve a Esteban entrando y éste le dice que si quiere pasar un rato, Ricardo ve su reloj y acepto entrar ya que tenía suficiente tiempo. Al salir tiene un nuevo aspecto, algo más relajado y feliz por todo pero a la veces de nada. Todo poseía un nuevo aspecto. Se dirige al kiosco a comprar el diario de siempre, el vendedor lo saluda y le pregunta algo ahí sobre un juego, pero Ricardo notaba graciosa el rostro de su interlocutor y le responde lentamente que no sé lo que pasará, esto lo hizo pensar un el tiempo y a filosofar, mientras iba a su trabajo, aún relajado y feliz por todo pero a la vez por nada.

Al llegar a su trabajo nota que no hay nadie en las oficinas, llega a su cubículo y había una nota anónima que decía “estamos en la sala de reuniones”. Al entrar a la sala a sus compañeros de trabajos y otras personas de otros departamentos reunidos en distintos grupos conversando entre ellos. Al entrar la paz y alegría que tenía Ricardo desaparecieron, escuchaba voces en sus oídos, susurros que lo asustaba, uno que otro lo veía de manera despectiva y otros de manera acusadora. Nervioso sin motivo aparente se dirige a uno de sus amigos y le pregunta qué pasa y éste le responde “no sé, dijeron que nos reuniéramos todos aquí porque había algo importante que decirnos”. Ricardo sentía que el tiempo iba más lento de lo normal y se desesperaba más, los susurros y las miradas acusadoras ayudaban a su estado nervioso.

A los 10 minutos entra su jefe y comenta que encontraron algo en uno de los cubículos y pidió que de uno en uno fuese a su oficina, la paranoia de Ricardo fue en aumento mientras veía entrar y salir gente a la oficina del jefe. Su corazón latía más y más, el sudor de la frente daba la impresión de haber salido de la ducha. Las personas salían cabizbajas y sorprendidas con un toque de tristeza, por lo que Ricardo no se atrevía a preguntar que era lo que pasaba realmente.

Cuando por fin llegó su turno, se veía en el jefe la decepción, tristeza, rabia y asombro por algo que no sabía, esto lo asusto aún más. El jefe llevó la mano a una de las gavetas del escritorio, lo ve a los ojos y saca la mano de la gaveta con una bolsa de papel y la coloca en el escritorio. Ricardo tímidamente le pregunta con una vos desquebrajada qué es lo que contiene la bolsa. El jefe sin mediar ni una sola palabra le dice con la mirada que la agarre, cosa que Ricardo hizo y al abrirla el jefe le pregunta “¿Sabes de dónde salió eso?”. Repentinamente suena una alarma y abre los ojos.

miércoles, 9 de julio de 2008

Un paseo por la ciudad II

(Cabe destacar que esto fue escrito el año pasado, antes que quitaran a los buhoneros del casco central)

Al salir a la calle ve hacia la esquina y cruzas hasta la isla, desde allí podrás observar que has entrado en un mundo sin ley, algo parecido al Salvaje Oeste de esas películas vaqueras estadounidense. Los transeúntes caminan por la calle, ya que los buhoneros ocupan como siempre ocupan el 80% de las aceras. Los camioneteros dejan a sus fieles pasajeros donde mejor les convenga, ya sea en la mitad de la Av. y estos hábiles deportistas extremos tentando a la muerte se bajan sin más remedio y en ocasiones los chóferes del transporte público logran estacionarse cerca de la acera y rápidamente los que esperan por la unidad se reúnen en la puerta, a veces entrando sin dejar salir y en muy contadas ocasiones esperan a que bajen las otras personas. Otro gran espectáculo de aquel escenario que podrás observar, es que lo normal, por lo menos en está parte de la ciudad, es que el cruce peatonal sea cualquier parte de la Avenida Baralt y no el inexistente rayado peatonal. Cruzan la calle cuales expertos acróbatas circenses al mas puro estilo de Jackie Chan. Mientras que los conductores, a pesar de haber uno o varios fiscales de tránsito, parecen sufrir de daltonismo, y eso que las mujeres no padecen la enfermedad, ya que cruzan cuando tienen oportunidad, más no cuando el adornito ese llamado semáforo se los indique. Las camionetícas por puesto (sí, otra vez), en especial las que van rumbo hacia Quinta Crespo, El Paraíso, se detienen en las esquinas a esperar hasta que les de la gana o a que se llenen de pasajeros con los gritos de algunos señores de la vida callejera (indigentes) que anuncian a gritos los distintos destinos de dichas unidades de transporte público.

No pierdas de vista, casi siempre habrá un grupo de policías en un sector de ésta parte de la Av. y a pocos metros de ellos ocurre un robo, pelea, accidente, o cualquier cosa que te puedas imaginar, por esto, mientas estés observando en la isla el comportamiento primitivo de supervivencia del ser humano, cuídate porque puedes ser victima de algún amigo de lo ajeno, de algún “piloto” de la Fórmula Uno o camionetero loco o de lo más peligroso, para mi, algún motorizado. Esta especie en particular no es de fiar, a pesar de tener gran "destreza" en su vehículo. Si hipotéticamente hablando, logras tener un encuentro cercano con alguno de ellos, antes que ofrezcas disculpas estarás rodeado de un sin número de ellos agrediéndote verbalmente y en raras ocasiones físicamente, así que no te descuides. Volviendo al caso de los policías... cuando ocurren los incidentes mencionados antes de desviarme a aconsejarte, júralo que entenderás el porqué coño los policías en las películas siempre llegan después que se acabó todo y preguntando el qué pasó y llevándose preso al más pendejo...


Ya es suficiente de tanto caos...

martes, 24 de junio de 2008

Un Paseo por la Ciudad I

Levante, ve a tu alrededor y ponte lo primero que encuentres, agarra las llaves de tu casa y sal a la calle, camina por la avenida ya que los buhoneros dificultan el transitar libremente por la acera, dirígete a la estación mas cercana. Entra en el metro rumbo a capitolio a las 12 pm. El tren estará lleno de gente, el cual no podrás casi moverte, el tufo de la gente no será nada normal, mientras metes manos, te hacen un hijo, te lo arrecuestan y lo arrecuestas, el vagón sin aire y el cuerpo todo sudado hacen del viaje interminable, así sea una sola estación.

Por fin vas llegando a la estación destinada. Te las ingenias para dirigirte hacia la puerta. Cuando el tren se detiene y abre sus puertas lo primero que tienes al frente es una vieja atravesada queriendo entrar para conseguir un puesto y detrás de ella está aglomerada la multitud esperando para entrar. El momento de la salida es una batalla épica, la cual puede compararse con la de la película de esas querras medievales. Finalmente logras salir airoso(a) del vagón con unos cuantos golpes encima.

Te diriges a las escaleras mecánicas, ves a las personas esperando para subir por dichas escaleras, la escena se asemeja al ganado vacuno siendo arreadas hacia el matadero. Esperas impacientemente siendo uno más del montón, al subir se divisa una confusión enorme, personas moviéndose como por inercia sin fijarse en nadie, cada quién centrado en lo suyo, sumergido en sus pensamientos y problemas cotidianos. Vas hacia el torniquete y más cola para salir de la estación.

Rumbo hacia la avenida Baralt sales de la estación por el Centro Comercial Metrocenter. La economía informal reina en el ambiente así como también las personas postradas en los alrededores de la entrada del centro comercial con caras de desespero por tanta espera de algún familiar, amigo y/o conocido, puesto que ésta zona es como una sala de espera...

lunes, 23 de junio de 2008

Sin nada que decir

Tantas cosas en la mente, tantas palabras por querer salir, tantas emociones comprimidas pero sin saber cómo expulsar todo esto.

No es facil decir las palabras adecuadas cuando se tiene un conjunto de ellas alborotadas queriendo salir desesperadamente. Palabras que expresan mucho pero a su vez nada, palabras que son sólo palabras y que el silencio suele decir más que ellas.


(Siliencio)

Sin embargo, este no es lugar para él, sino para aquellas que desean fugarse, expresarse ya sea en un cuento, en un poema, un escrito o simples palabras puestas sin sentido. Hay que darle que ellas, las palabras, se deshaguen de vez en cuando y este es un buen lugar para eso.

La fotografía es un mundo aparte pero el escribir es ideal ahora para volver a ese mundo cargado de sentimientos y pensamientos guardados.

¿Sin nada que decir? lo dudo, siempre hay algo que decir, sin embargo, en ocasiones no nos atrevemos o por lo menos no me atrevo. ¿Sin nada que decir? pero por lo menos mucho que escribir...